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Cáncer de cólon y recto

 

¿Qué es el cáncer colorrectal?

El cáncer colorrectal es un término que se usa para referirse al cáncer que se desarrolla en el colon o el recto.  El cáncer colorrectal se origina en el sistema digestivo, al que también se le conoce como sistema GI (gastrointestinal). Es aquí donde se procesan los alimentos para generar energía y eliminar del cuerpo el material de desecho sólido (heces fecales).

Luego de masticar y tragar los alimentos, éstos viajan hacia el estómago, en donde son parcialmente digeridos y enviados al intestino delgado. La palabra “delgado” se refiere al ancho de dicho intestino. El intestino delgado es en realidad la parte más larga del sistema digestivo. Tiene una longitud de alrededor de 6 metros (20 pies).

El intestino delgado continúa digiriendo los alimentos y absorbe la mayoría de los nutrientes. Este intestino se une al intestino grueso (también llamado colon), que es un conducto muscular de aproximadamente 1.5 metros (5 pies) de longitud. La primera parte del colon absorbe el agua y los nutrientes de los alimentos y también funciona como un lugar de almacenamiento para los desechos. Los desechos son trasladados del colon hacia el recto que constituye los últimos 15 centímetros (6 pulgadas) del sistema digestivo. Es en este lugar en donde los desechos salen del cuerpo a través de la abertura llamada el ano.



El colon tiene cuatro secciones, tal como se muestra en la ilustración anterior. El cáncer se puede originar en cualquiera de las cuatro secciones o en el recto. La pared de cada una de estas secciones del colon y el recto tiene varias capas de tejido. El cáncer se origina en la capa más interna y puede crecer a través de algunas o todas las otras capas. El saber algo sobre estas capas es beneficioso porque la etapa (la extensión de la propagación) de un cáncer colorrectal depende en gran medida de cuál de estas capas afecte.

El cáncer que se genera en estas diferentes áreas puede causar síntomas diferentes. Sin embargo, el cáncer del colon y el cáncer del recto, conocidos conjuntamente como cáncer colorrectal, tienen muchas características comunes. Ambos tipos de cáncer se analizarán juntos en este documento, excepto en la sección sobre el tratamiento, donde se analizarán por separado.

 En la mayoría de los casos, el cáncer colorrectal se forma lentamente en el transcurso de varios años. Actualmente se sabe que la mayoría de estos canceres comienzan como un pólipo, una masa de tejido que comienza en el recubrimiento y crece hacia el centro del colon o el recto. Un tipo de pólipo conocido como un adenoma puede convertirse en canceroso. El extirpar tempranamente el pólipo puede evitar que se convierta en cáncer.

Más del 95% de los tumores cancerosos del colon y el recto son adenocarcinomas. Éstos son tumores cancerosos de células que cubren la parte interna del colon y el recto. Existen otros tipos de tumores del colon y el recto menos comunes, pero los datos que aquí se proveen se refieren a los adenocarcinomas.

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¿Cuántas personas desarrollan cáncer colorrectal?

En 2005 se detectaron en México cerca de 17 mil casos de cáncer colorrectal, esta cifra representa un crecimiento de 39% en una década, comparado con 1995 donde se registraron 10 mil 30 casos. Se sabe que el  aumento puede estar relacionado con una variación en la dieta, mayor longevidad y un incremento a la exposición de sustancias tóxicas, adictivas y contaminantes.
El cáncer colorrectal es la segunda causa principal de muerte por cáncer en México y el tercero más frecuente. Después del cáncer de pulmón, es el segundo más agresivo y ataca en igual proporción a hombres y mujeres. A pesar de ser una neoplasia (tumor) ubicada en el segmento de edad avanzada, la edad media de diagnóstico es de 50.8 años, aunque cada día se detectan casos en gente más joven.
Sin contar los casos de cáncer de la piel, el cáncer colorrectal es el tercer cáncer que se detecta con mayor frecuencia en hombres y mujeres en Estados Unidos. La Sociedad Americana del cáncer calcula que en el 2007 habrá cerca de 112,340 casos nuevos de cáncer del colon y 41,420 casos nuevos de cáncer del recto en este país. Aproximadamente 52,180 personas morirán de ambos tipos de cáncer en conjunto.
¿Qué causa el cáncer colorrectal?
Si bien no sabemos exactamente qué causa el cáncer colorrectal, sí sabemos que hay ciertos factores de riesgo que se asocian con esta enfermedad. Un factor de riesgo es cualquier cosa que afecte las probabilidades de una persona de contraer o desarrollar una enfermedad. Algunos factores de riesgo, como el fumar, pueden controlarse, mientras que otros, como la edad de una persona, no se pueden cambiar. Algunos investigadores han encontrado varios factores de riesgo que aumentan las probabilidades de una persona de desarrollar cáncer colorrectal.

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Factores de riesgo del cáncer colorrectal

Edad: sus probabilidades de desarrollar cáncer colorrectal aumentan a partir de los 50 años. Se reporta que más de 9 de 10 personas que tienen cáncer colorrectal son mayores de 50 años.

Haber tenido cáncer colorrectal antes: incluso cuando se extirpa completamente un cáncer colorrectal, usted tiene una probabilidad mayor de que comiencen nuevos canceres en otras áreas del colon y el recto. Las probabilidades de que esto suceda son mucho mayores si usted padeció cáncer colorrectal a los 60 años o menos edad.

Haber tenido antecedentes de pólipos: algunos tipos de pólipos aumentan el riesgo de cáncer, especialmente si son grandes o si hay muchos de ellos.

Haber tenido antecedentes de enfermedad inflamatoria intestinal: dos enfermedades conocidas como colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn aumentan el riesgo de cáncer colorrectal. Es estas enfermedades, el colon se encuentra inflamado por un largo período de tiempo. Si tiene cualquiera de estas enfermedades, es posible que su médico quiera que usted se haga pruebas de detección del cáncer colorrectal con más frecuencia.

Antecedentes familiares de cáncer colorrectal: si tiene parientes cercanos que han tenido este cáncer, su riesgo es mayor. Esto aplica especialmente si el familiar desarrolló el cáncer antes de los 50 años. Las personas con antecedentes familiares de cáncer colorrectal deben hablar con sus médicos sobre la frecuencia con la que deben hacerse las pruebas de detección.

Determinados síndromes en la familia: un síndrome es un conjunto de síntomas. Por ejemplo, en algunas familias, los miembros tienden a tener un tipo de síndrome llamado poliposis adenomatosa familiar (FAP, por sus siglas en inglés).  Este síndrome involucra la presencia de cientos de pólipos en el colon o el recto. A menudo el cáncer se desarrolla en uno o más de estos pólipos.
Si su médico le indica que tienen una condición que le hace a usted, o a sus familiares, más propenso(s) a desarrollar cáncer colorrectal, probablemente necesitará comenzar las pruebas de detección para dicho cáncer a una edad más temprana, y puede que quiera considerar la asesoría genética.

Antecedentes étnicos: algunos estudios han encontrado que los judíos con ascendencia en Europa Oriental (judíos Ashkenazi) tienen el riesgo mayor de cáncer colorrectal en comparación con cualquier otro grupo étnico en el mundo. Varias clases de cambios genéticos (mutaciones) son responsables por algo, pero no todo, el riesgo aumentado.

Raza: las personas de la raza negra tienen los números más altos de casos de cáncer colorrectal, así como las tasas de mortalidad más altas de este cáncer, en comparación con todos los grupos raciales en los Estados Unidos. La razón de esto se desconoce.

Alimentación: una dieta alta en grasa, especialmente la de origen animal, puede incrementar el riesgo de cáncer colorrectal. Con el pasar del tiempo, comer mucha carne roja y carnes procesadas puede aumentar el riesgo de cáncer colorrectal.

Falta de ejercicio: las personas que no están activas tienen mayor riesgo de contraer cáncer colorrectal.

Sobrepeso: tener mucho sobrepeso aumenta el riesgo de una persona de morir de cáncer colorrectal.

Fumar: la mayoría de las personas sabe que el fumar causa cáncer del pulmón, pero estudios recientes reportan que los fumadores tienen entre 30% y 40% mayores probabilidades de morir de cáncer colorrectal que las personas que no fuman. Además, fumar aumenta el riesgo de muchos otros canceres.

Alcohol: el consumo excesivo de alcohol ha sido asociado con el cáncer colorrectal.

Diabetes: las personas con diabetes tienen una probabilidad aumentada de 30% de contraer cáncer colorrectal. También tienden a tener una tasa mayor de mortalidad por este cáncer.

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Factores que son de menor certeza

Trabajo en horario nocturno: un estudio sugiere que trabajar en el turno de noche por al menos 3 noches al mes por al menos 15 años podría incrementar el riesgo de cáncer colorrectal en las mujeres. Se necesitan más investigaciones para clarificar estos resultados.

Otros canceres y su tratamiento: un informe reciente sobre sobrevivientes de cáncer testicular reportó que estos hombres tenían una tasa mayor de cáncer colorrectal. Además, los hombres que recibieron radioterapia para el cáncer de próstata se reportaron haber tenido un riesgo mayor de cáncer colorrectal.
La Sociedad Americana del cáncer, junto con varias otras organizaciones de salud, recomienda las pruebas de detección tempranas en personas bajo riesgo aumentado de cáncer colorrectal. Estas recomendaciones difieren de aquéllas para personas bajo riesgo promedio. Para más información, consulte a su médico.
¿Se puede prevenir el cáncer colorrectal?
Aunque no sabemos con exactitud qué causa el cáncer colorrectal, hay algunas acciones que usted puede tomar para reducir su riesgo.

Pruebas de detección: primero, usted debe seguir las guías de las pruebas para la detección temprana que se mencionan a continuación para ayudar a encontrar y prevenir el cáncer colorrectal. Cuando estos canceres se encuentran y tratan tempranamente, a menudo pueden curarse. Las pruebas de detección también pueden encontrar pólipos. El quitar estos pólipos ayuda a prevenir algunos canceres.

Las personas que tienen antecedentes de cáncer colorrectal en sus familias deben pedir a sus médicos consejos sobre las pruebas de detección u otras pruebas que puedan detectar el cáncer tempranamente.

Dieta y ejercicio: las personas pueden disminuir su riesgo de cáncer colorrectal haciéndose cargo de los factores de riesgo que pueden controlarse, como por ejemplo su alimentación y actividad física. Es importante comer suficiente cantidad de frutas, ensaladas y verduras y alimentos de granos integrales, y limitar la ingestión de alimentos con alto contenido de grasa.  También es importante hacer suficiente ejercicio. La Sociedad Americana del cáncer recomienda al menos 30 minutos de actividad física durante cinco o más días a la semana. Hacer ejercicios durante 45 a 60 minutos durante cinco o más días de la semana es aún mejor.

Vitaminas: algunos estudios indican que consumir diariamente un multivitamínico que contenga ácido fólico o folato puede disminuir el riesgo de cáncer colorrectal. Otros estudios sugieren que consumir más calcio y vitamina D puede ser de ayuda. Un estudio reciente sugiere que una dieta alta en magnesio también puede reducir el riesgo de cáncer colorrectal en las mujeres.

Aspirina y otros medicamentos: la aspirina y los medicamentos, como el ibuprofén o el naproxen, parecen prevenir el crecimiento de los pólipos. Un medicamento llamado Celebrex® también reduce los pólipos en algunas personas cuyos familiares tienden a desarrollarlos. Pero dichas medicinas pueden causar efectos secundarios. Por esta razón, los expertos no recomiendan al público general que los tomen para prevenir el cáncer colorrectal. Si presenta un riesgo elevado de cáncer colorrectal, hable con su médico sobre lo que debe hacer.

Hormonas femeninas: la terapia hormonal restitutiva (HRT) en las mujeres después de la menopausia puede reducir su riesgo de cáncer colorrectal. No obstante, aquellas mujeres que están en HRT y que contraen cáncer colorrectal pudieran padecer de un cáncer de rápido crecimiento. La decisión de usar la HRT debe basarse en la discusión detallada con su médico sobre los beneficios y los riesgos pertinentes.

Otros factores: las personas con antecedentes familiares de cáncer colorrectal pueden beneficiarse de las pruebas de detección a una edad más temprana, y someterse a ellas con mayor frecuencia en comparación con las personas que no tienen este factor de riesgo. Las pruebas genéticas también pueden ayudar a indicar cuáles miembros de ciertas familias han heredado un alto riesgo de cáncer colorrectal. Los resultados de las pruebas genéticas pueden ayudar a las personas a tomar decisiones sobre las pruebas de detección y los tratamientos.

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¿Cómo se detecta el cáncer colorrectal?

Se usan las pruebas de detección para buscar la enfermedad en las personas que no presentan ningún síntoma. En muchos casos, estas pruebas pueden encontrar canceres colorrectales en una etapa temprana y mejorar en gran medida las probabilidades de éxito con el tratamiento. Las pruebas de detección también pueden ayudar a prevenir algunos canceres, ya que gracias a éstas, los médicos pueden detectar y extirpar pólipos que podrían convertirse en cáncer. Existen varias pruebas que se usan para detectar el cáncer colorrectal.

Prueba de sangre oculta en las heces fecales (FOBT, por sus siglas en inglés): esta prueba se usa para detectar pequeñas cantidades de sangre escondida (oculta) en las heces fecales. Cuando los pólipos o los canceres comienzan a formarse, puede haber cantidades muy pequeñas de sangre en las heces fecales. Se examina una muestra de heces fecales para ver si contiene sangre. Las personas que se sometan a esta prueba recibirán un equipo que explica cómo tomar una muestra de heces fecales en su propia casa. Posteriormente, el equipo se envía a un laboratorio clínico. Si los resultados de la prueba resultan positivos, usted necesitará hacerse otras pruebas, como una colonoscopia, para determinar con exactitud la causa del sangrado.

Hay un tipo de prueba más reciente conocido como análisis inmunoquímico de las heces fecales (FIT por sus siglas en inglés). Es muy parecida a la FOBT pero ofrece un número menor de resultados falsos. Al igual que la FOBT, si los resultados son positivos, usted necesitará hacerse otras pruebas, como una colonoscopia, para determinar con exactitud la causa del sangrado.

Sigmoidoscopia flexible: un sigmoidoscopio es un tubo delgado del grueso de un dedo con una fuente de luz. A través del recto, este tubo se coloca en la parte inferior del colon. Esto le permite al médico observar el interior del recto y parte del colon, y determinar la posible presencia de un cáncer o de pólipos. Debido a que el instrumento sólo tiene alrededor de 2 pies de largo (60 centímetros), el médico sólo puede ver aproximadamente la mitad del colon. Esta prueba puede resultar incómoda, pero no debería causar dolor. Antes de la prueba, usted necesitará aplicarse un enema para limpiar la parte inferior del colon. Si se encuentra un pólipo pequeño, es posible que su médico lo extirpe durante esta prueba. Si se encuentra un pólipo adenomatoso o cáncer colorrectal durante el examen, usted necesitará hacerse una colonoscopia para detectar pólipos o cáncer en el resto del colon.

Colonoscopia: un colonoscopio es una versión más larga del sigmoidoscopio se usa de la misma manera, pero permite al médico ver el colon en su totalidad. Si se detecta un pólipo, el médico podría extirparlo. Si el médico ve alguna otra cosa anormal, puede hacerse una biopsia, que consiste en la extracción de un pequeño fragmento de tejido a través del colonoscopio. Se envía el tejido al laboratorio para determinar la presencia de células cancerosas. Esta prueba puede ser incómoda. Para evitar que lo sea, se le administrará una medicina a través de la vena para que se sienta relajado y somnoliento.

Enema de bario con contraste de aire: para hacer esta prueba se usa una sustancia blanquecina para llenar y dilatar parcialmente el colon. Después se introduce aire para que el colon se expanda. Esto permite tomar buenas radiografías. Si un área no parece normal, usted necesitará una colonoscopia.

Colonoscopia virtual: usted puede considerar ésta como una súper radiografía del colon. Se bombea aire al colon para que se expanda, y luego se realiza una tomografía computarizada especial. Actualmente, la Sociedad Americana del cáncer u otras organizaciones principales de la salud no recomiendan esta prueba para la detección temprana del cáncer del colon. Se necesitan más estudios para determinar si este método es tan efectivo como otros métodos para la detección temprana del cáncer colorrectal.

Guías de pruebas de detección de la Sociedad Americana del cáncer
A partir de los 50 años, tanto los hombres como las mujeres bajo un riesgo promedio deben seguir una de las siguientes cinco opciones de pruebas de detección:

  1. Realizar anualmente la prueba para el análisis de sangre oculta en las heces fecales (FOBT, por sus siglas en inglés) o análisis inmunoquímico de las heces fecales (FIT, por sus siglas en inglés).
  2. Sigmoidoscopia flexible cada cinco años.
  3. Una prueba de sangre oculta en las heces fecales más una sigmoidoscopia flexible cada 5 años.

    (De todas las opciones anteriores, la Sociedad Americana del cáncer prefiere la tercera opción, es decir,  la prueba de sangre oculta en las heces fecales y la sigmoidoscopia flexible cada 5 años).

    O usted puede someterse a:
  4.  Enema de bario de doble contraste cada cinco años.  
  5. Colonoscopia cada 10 años.
  • Para la prueba de sangre oculta en las heces fecales que se realizan en casa, se debe usar el método de múltiples muestras. Si se encuentra algo anormal, se debe realizar una colonoscopia. Si se encuentran pólipos, éstos deben ser extraídos de ser posible.

    Si bien el examen digital del recto se incluye a menudo como parte del examen físico de rutina, no se recomienda como única prueba para detectar el cáncer colorrectal. Para este examen, el médico se coloca un guante para examinar el recto del paciente.

    Las personas que con seguridad tienen factores de riesgo deben comenzar las pruebas de detección más temprano y hacérselas más a menudo. Para obtener más información, por favor remítase a las "Guías de examen y observación de la Sociedad Americana del cáncer para la detección temprana de cáncer colorrectal y pólipos colorrectales", disponible a través de nuestra línea gratuita o nuestra página en Internet. Consulte a su médico sobre su riesgo y cuándo debe hacerse las pruebas de detección.

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¿Cómo se diagnostica el cáncer colorrectal?

La mayoría de la gente no tiene síntomas en las etapas iniciales del cáncer de colon. Los síntomas generalmente se presentan en un estado más avanzado de la enfermedad. Si algo sospechoso es resultado de una prueba de detección o si tiene síntomas, requerirá de someterse a más exámenes. Entre los síntomas del cáncer colorrectal se incluyen:

  • Algún cambio en los hábitos de evacuación como diarrea, estreñimiento o reducción del diámetro de las heces fecales (excremento) por varios días.
  • Sensación de tener que defecar que no desaparece después de hacerlo.
  • Sangrado del recto en sangre en las heces fecales (aunque a menudo, las heces lucirán normales).
  • Retorcijones o dolor de estómago constante.
  • Debilidad y cansancio.

Si usted tiene cualquiera de tales síntomas, por favor, vea a su médico inmediatamente. El o ella realizará una historia médica completa y un examen físico para encontrar la causa de sus síntomas. Sólo porque usted tenga estos síntomas no significa que usted padezca de cáncer; sin embargo, necesita hablar con su médico para estar seguro. Además es posible tener cáncer del colon y no tener ningún síntoma.

Si hay alguna razón para sospechar la presencia de cáncer del colon o del recto, usted necesitará someterse a más pruebas para determinar si realmente la enfermedad está presente, y, de ser ese el caso, determinar qué tanto se ha propagado. Algunas de estas pruebas son las mismas que se usan para detectar la enfermedad en personas que no tienen síntomas.

Prueba de sangre oculta en las heces fecales, sigmoidoscopia flexible, enema de bario y colonoscopia: su médico recomendará uno o más de estos exámenes, los cuales se describen en la sección anterior.

Análisis de sangre: su médico requerirá que se haga un recuento sanguíneo para determinar si su cantidad de glóbulos rojos es muy baja (anemia). Las personas con cáncer colorrectal a menudo se tornan anémicas debido al sangrado del tumor. Pudiera que además los análisis de sangre verifiquen su función hepática debido a que el cáncer colorrectal puede propagarse hacia el hígado causando problemas. Existen otras sustancias (marcadores tumorales) en la sangre que pueden indicar cuán bien está funcionando el tratamiento. Pero estos marcadores tumorales no se usan para detectar el cáncer en personas que no han padecido cáncer y que lucen estar sanas; más bien se usan con mayor frecuencia como seguimiento en personas que ya han sido tratadas por cáncer colorrectal.

Biopsias: en una biopsia, el médico extrae un pedacito de tejido que no parece normal. Esto se hace durante una colonoscopia. El tejido se envía al laboratorio para examinarlo bajo el microscopio y determinar si hay cáncer presente.

Ecografía: esta prueba (también conocida como ultrasonido) utiliza ondas sonoras para producir una imagen del interior del cuerpo. La mayoría de las personas conocen la ecografía porque se usa a menudo para ver un bebé durante el embarazo. Esta es una prueba fácil de realizar Simplemente requiere que se recueste en una mesa mientras que se desliza un dispositivo en forma de varilla sobre su piel.

Para evaluar a los pacientes de cáncer de colon y de cáncer rectal se emplean dos tipos especiales de exámenes de ecografía. En uno, se introduce en el recto el instrumento que libera las ondas sonoras. En la otra prueba, la cual se usa durante la cirugía, se coloca el instrumento contra la superficie del hígado para determinar si el cáncer se ha propagado ahí.

Tomografía computarizada (CT): una "CT" usa rayos X para tomar muchas fotografías del cuerpo y luego combinarlas en una computadora para producir una imagen transversal detallada. A menudo una CT puede mostrar si el cáncer se ha propagado hígado, los pulmones u otros órganos. La CT también puede utilizarse para ayudar a guiar la aguja de la biopsia hacia el tumor. Las tomografías computarizadas toman más tiempo que las radiografías regulares. El paciente se acuesta en una mesa sin moverse mientras se lleva a cabo el procedimiento. Puede que se inyecte un agente de contraste ("tinta”) o que se ingiera una bebida especial que ayuda a delinear mejor las estructuras de su cuerpo.

Una forma nueva de usar una CT es realizando una "colonoscopia virtual".  Una vez que el colon ha sido limpiado de las heces fecales y que se llena con aire, una computadora puede formar una imagen del interior del colon. Este método requiere la misma preparación que una colonoscopia y conlleva algo de incomodidad para el intestino al estarse llenando con aire. Si se llega percibir alguna anormalidad, se requerirá una colonoscopia de seguimiento.

Imagen por resonancia magnética (MRI): al igual que la tomografía computarizada, las imágenes por resonancia magnética muestran una imagen transversal del cuerpo. Sin embargo, la resonancia magnética usa imanes potentes en vez de radiación. Al igual que en la CT, es posible que se le inyecte un colorante, aunque esto es menos frecuente en este examen. Las imágenes por resonancia magnética (MRI) son particularmente útiles para examinar el cerebro y la médula espinal. Toman más tiempo que las CT y puede que se le coloque dentro de un cilindro. Esto puede sentirse un tanto restringible y podría resultar molesto con temor a los lugares cerrados. La máquina también produce un ruido martillante. En algunas instalaciones proporcionan audífonos para escuchar música y bloquear este ruido.

Radiografías del tórax: esta prueba puede hacerse para determinar si el cáncer colorrectal se ha propagado a los pulmones.

Tomografía por emisión de positrones (PET): en esta prueba, se inyecta un tipo de azúcar radiactivo en una vena. Luego, a usted se le coloca en la máquina PET, donde una cámara especial puede detectar la radiactividad.  Las células cancerosas absorben las grandes cantidades de azúcar y aparecen en las imágenes como “puntos radiactivos” oscuros. Esta tomografía resulta útil cuando su médico piensa que el cáncer se ha propagado, pero no sabe hacia dónde. Las tomografías PET ahora son más precisas debido a que pueden realizarse en conjunto con las CT.

Angiografía: para esta prueba, se introduce en un vaso sanguíneo una cánula (un tubo), la cual se manipula hasta que llega al área que va a ser estudiada. Luego se inyecta un agente de contraste, y se toma una serie de imágenes radiográficas. Una vez terminadas las imágenes, se extrae la cánula. Los cirujanos usan algunas veces este método para localizar los vasos sanguíneos cercanos al cáncer que se ha propagado al hígado. El cáncer entonces se puede extirpar sin causar mucho sangrado.

Después de las pruebas: clasificación por etapas

La clasificación por etapas es el proceso para descubrir qué tanto se ha propagado el cáncer. Esto es muy importante porque su tratamiento y la expectativa para su recuperación dependen de la etapa en que se encuentre su cáncer. Para los tumores cancerosos en etapa inicial, la cirugía pudiera ser todo lo que se necesite. Para canceres más avanzados, se podrían necesitar otros tratamientos como la quimioterapia o la radioterapia.

Existe más de un sistema para clasificar por etapas el cáncer de colon y recto. Algunos usan números y otros usan letras; sin embargo, todos los sistemas describen la propagación del cáncer mediante las capas de la pared del colon o recto. También toman en cuenta si el cáncer se ha propagado a órganos circundantes o hacia órganos más distantes.

Las etapas por lo general se clasifican con números romanos del I al IV (1-4). En general, mientras más bajo es el número, menos se ha propagado el cáncer. Un número mayor, como la etapa IV (4), significa un cáncer más grave.

Para la mayoría de las personas, la etapa no se sabe hasta después de la cirugía, por lo que su médico podría esperar hasta entonces para asignar un número. Asegúrese de pedirle a su médico que le explique su etapa de una manera que usted entienda. Esto les ayudará a ambos a decidir qué tratamiento es mejor para usted.

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¿Cómo se trata el cáncer colorrectal?

Los cuatro principales tipos de tratamiento del cáncer colorrectal son cirugía, radioterapia, quimioterapia (a menudo llamada “quimio”), y más recientemente, terapias dirigidas llamadas anticuerpos monoclonales.  Dependiendo de la etapa de su cáncer, se podrían usar dos o más tipos de tratamiento al mismo tiempo, o uno después del otro.

Siéntase en libertad de tomarse su tiempo y pensar en todas sus opciones de tratamiento. Es posible que usted quiera obtener una segunda opinión que le pueda proveer más información y ayudarle a sentirse mejor sobre el plan de tratamiento que escoja. Sus probabilidades de obtener buenos resultados son mayores en manos de un equipo médico que tenga experiencia en tratar el cáncer colorrectal.

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Cirugía

La cirugía es el tratamiento principal contra el cáncer del colon. Por lo general se extirpa el cáncer y una parte normal del colon a ambos lados del cáncer (así como los ganglios linfáticos cercanos). Luego, los dos extremos del colon se suturan nuevamente. Para el cáncer del colon, generalmente no se necesita una colostomía (abertura en el abdomen para eliminar los desechos del cuerpo), aunque algunas veces se puede hacer una colostomía temporal.

Algunas veces, se puede extirpar el cáncer del colon en su etapa más inicial a través de un colonoscopio. Cuando esto se realiza, el médico no tiene que hacer un corte en el abdomen. La cirugía para el cáncer de colon a veces puede realizarse con una técnica más reciente conocida como cirugía "laparoscópica" o de “ojos de cerradura”. En este método, se introduce en el cuerpo un tubo con una fuente de luz junto con instrumentos especiales a través de pequeñas incisiones en lugar de hacer una incisión mayor. La cirugía de “ojos de cerradura” (laparoscópica) para el cáncer de colon funciona tan bien como el enfoque estándar y los pacientes por lo general se recuperan más rápido tras las operaciones realizadas.

La cirugía normalmente es el tratamiento principal para el cáncer del recto, aunque la radiación y la quimioterapia a menudo son administradas previo a la cirugía. Existen varios tipos de cirugía contra el cáncer del recto.

Algunas operaciones (polipectomía, escisión local y resección transanal local) pueden realizarse con instrumentos que se colocan en el ano, sin tener que cortar a través de la piel. Podría ser que uno de estos métodos se use para extirpar algunos canceres en etapa I que son relativamente pequeños y que no están muy lejos del ano.

Para algunos canceres rectales en etapa I, y para la mayoría en etapa II o III, se pueden realizar otros tipos de cirugía. Se usa la resección anterior baja para los canceres que se encuentran cerca de la parte superior del recto, cerca de donde se conecta con el colon. Después de esta operación, el colon se une otra vez al ano y el excremento es eliminado de la manera habitual.

Para los canceres en la parte inferior del recto, cerca de su conexión externa al ano, se realiza una resección abdominoperineal (AP). Después de la cirugía, se necesita realizar una colostomía, es decir, una abertura del colon en la parte frontal del abdomen. Ésta se usa para eliminar del cuerpo el material de desecho (heces fecales o excremento).

Si el cáncer del recto está propagándose a los órganos circundantes, se requerirá de una cirugía mayor. En una exenteración pélvica el cirujano extrae el recto, así como los órganos adyacentes tales como la vejiga, la próstata o el útero, cuando el cáncer se ha extendido a los mismos. Una vez hecha esta operación, se requiere una colostomía. Si se extirpa la vejiga, también es necesario realizar una urostomía (abertura para recoger la orina).

Si se le hizo una colostomía o una urostomía, usted necesitará ayuda para aprender a cómo manejarla con la ayuda de enfermeras especialmente entrenadas. Por lo general, le visitarán antes y después de la operación para ofrecerle entrenamiento.

Los posibles efectos secundarios de la cirugía incluyen el sangrado posterior, coágulos en las piernas y daños a los órganos cercanos durante la operación. Rara vez, las conexiones entre los extremos del intestino no logren adherirse completamente generándose una fuga. Si ocurre una infección, es posible que la incisión se abra causando una herida abierta. Posteriormente, tras la cirugía, podría ser que desarrolle bandas de tejido cicatricial, llamadas adhesiones, que podrían causar la obstrucción del intestino.

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La cirugía colorrectal y las relaciones sexuales

Si usted es hombre, una resección abdominoperineal puede hacer que tenga orgasmos "secos". Esto significa que lo más probable es que el placer permanezca sin que haya eyaculación. En algunos casos, una resección AP puede impedir las erecciones o la capacidad de llegar al orgasmo. En otros casos, puede que el placer en el orgasmo sea menos intenso.  Puede que con el avance en la edad se causen estos cambios pero la cirugía podría incrementarlos.

Para algunos hombres, la cirugía hace que el semen se dirija hacia atrás, es decir, hacia la vejiga. Esto no causa daño.  No obstante, si usted todavía quiere procrear un hijo, debe hablar con su médico sobre cómo la cirugía le afectará y lo que tal vez deba hacerse para lograr un embarazo.

Si usted es una mujer a la que se le realizó una colostomía, no debe presentar ninguna pérdida de la función sexual.

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Cirugía contra el cáncer colorrectal que se ha propagado

Si el cáncer colorrectal se ha propagado únicamente a pocas áreas en los pulmones, el hígado, los ovarios o alguna otra parte en el abdomen, se podría curar el cáncer extirpándolo de estas áreas o la cirugía podría ayudar a prolongar la vida.

Para la propagación al hígado, existen otros métodos además de la cirugía, que podrían usarse para destruir el cáncer. Éstos incluyen métodos para bloquear el suministro de sangre al tumor, destruir el cáncer mediante el congelamiento o aplicándole calor mediante microondas. Estos métodos no tienen la intención de curar el cáncer.

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Radioterapia contra el cáncer del colon y del recto

La radioterapia es un tratamiento que usa rayos de alta energía (como los rayos X) para eliminar o encoger las células del cáncer. La radiación puede provenir de fuera del cuerpo (radiación externa) o de materiales radiactivos colocados directamente en el tumor (radiación interna o implante).
 
Después de la cirugía, la radiación puede matar áreas pequeñas de cáncer que pueden no ser vistas durante la cirugía. Si el tamaño o la localización de un tumor hacen difícil la cirugía, se puede usar la radiación antes de la cirugía para reducir el tumor. La radiación también puede usarse para aliviar los síntomas de cáncer avanzado como la oclusión intestinal, sangrado o dolor.

El uso principal de la radioterapia en personas con cáncer del colon ocurre cuando el cáncer está conectado a un órgano interno o a la membrana que recubre el abdomen.  Si esto sucede, el médico no puede estar seguro si se ha extirpado todo el cáncer, y se usa la radioterapia para destruir las células cancerosas que quedaron después de la cirugía. Para el cáncer del recto, la radiación también se administra para prevenir que el cáncer recurra al lugar en donde se originó, así como para tratar las recurrencias que son causa de síntomas como el dolor. La radiación rara vez se usa para tratar el cáncer metastásico del colon.

La radiación externa se usa con mayor frecuencia en las personas con cáncer del colon o del recto. Los tratamientos se administran cinco días a la semana por varias semanas. Cada tratamiento dura sólo unos pocos minutos y se asemeja a hacerse una radiografía cuando se tiene un hueso roto.

Se puede usar un método diferente en algunos casos de cáncer rectal. La radiación puede estar dirigida a través del ano y llegar al recto sin pasar a través de la piel del abdomen.

Para la radiación interna, se colocan partículas o semillas pequeñas de material radiactivo cerca o directamente en el cáncer. Algunas veces se usa este método para tratar a las personas con cáncer rectal, especialmente las personas enfermas o de edad avanzada que no pueden tolerar la cirugía.

Los efectos secundarios de la radioterapia contra el cáncer del colon y del recto incluyen irritación leve de la piel, náusea, diarrea, irritación del recto o de la vejiga y cansancio. También pueden ocurrir problemas sexuales. Los efectos secundarios por lo general desaparecen después de terminado el tratamiento. Si usted padece de estos u otros efectos secundarios, hable con su médico. Existen maneras de aminorar o aliviar muchos de estos problemas.

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Quimioterapia

La quimioterapia (o quimio) es el uso de medicamentos contra el cáncer. Los medicamentos se inyectan en una vena o se administran por vía oral. Estos medicamentos entran al torrente sanguíneo y llegan a todas las áreas del cuerpo, lo que hace que el tratamiento sea eficaz contra los canceres que se han propagado a órganos distantes.

La quimioterapia después de la cirugía puede aumentar la tasa de supervivencia de los pacientes con cáncer colorrectal en ciertas etapas. La quimioterapia puede también ayudar a aliviar los síntomas del cáncer avanzado.

En algunos casos, los medicamentos de quimioterapia pueden inyectarse en una arteria que conduzca a la parte del cuerpo con el tumor. Este enfoque se denomina quimioterapia regional. Debido a que los medicamentos van directamente a las células cancerosas, puede que se generen menos efectos secundarios.

Si bien los medicamentos de quimioterapia eliminan las células del cáncer, también dañan algunas células normales, lo que puede provocar efectos secundarios. Estos efectos secundarios dependerán del tipo de medicamento administrado, la cantidad administrada y la duración del tratamiento. Los efectos secundarios podrían incluir los siguientes:

  • Diarrea.
  • Náuseas y vómitos.
  • Pérdida del apetito.
  • Pérdida del cabello.
  • Irritaciones e inflamación de pies y manos.
  • Llagas en la boca.
  • Mayores probabilidades de infecciones.
  • Sangrado o moretones después de cortadas o heridas menores.
  • Cansancio extremo (fatiga).


La mayoría de los efectos secundarios desaparecen cuando se termina el tratamiento. Por ejemplo, el pelo crecerá de nuevo después que finalice el tratamiento, aunque es posible que luzca diferente. Cualquier persona que tenga problemas con los efectos secundarios debe hablar con su médico o enfermera, ya que siempre hay maneras de ayudar.

Las terapias dirigidas son medicamentos que atacan una parte de las células cancerosas que las hacen diferentes a las células normales. Debido a que estos medicamentos sólo afectan las células cancerosas, éstos a menudo causan menos efectos secundarios que la quimioterapia. Las proteínas sintéticas conocidas como anticuerpos monoclonales han sido aprobadas para su uso, junto con los medicamentos de quimioterapia contra el cáncer colorrectal.

Algunos medicamentos contra el cáncer, especialmente los anticuerpos monoclonales, son muy costosos.

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Tasas de supervivencia del cáncer colorrectal

Nueve de cada diez personas a quienes se les detecta y trata el cáncer colorrectal en etapa inicial, antes de que se haya propagado, viven al menos cinco años. Una vez que el cáncer se ha propagado a los órganos o a los ganglios linfáticos vecinos, la tasa de supervivencia a 5 años disminuye. La tasa de supervivencia a 5 años se refiere al porcentaje de pacientes que vive por lo menos 5 años después de encontrar el cáncer (excluyendo aquéllos que mueren por otras causas). Por supuesto, los pacientes pudieran vivir más de 5 años después de encontrar el cáncer.

Tasas de supervivencia del cáncer de colon*


Etapa I

93%

Etapa IIA

85%

Etapa IIB

72%

Etapa IIIA

83%

Etapa IIIB

64%

Etapa IIIC

44%

Etapa IV

8%

* Basado en el sistema de clasificación por etapas de AJCC el cual divide las etapas II y III en subetapas. La supervivencia del cáncer del recto es aproximadamente la misma. Consulte a su médico para averiguar la etapa exacta de su enfermedad.

Estas cifras proveen una idea general, pero tenga en cuenta que cada persona es única y que las estadísticas no pueden predecir exactamente lo que ocurrirá en su caso. Si tiene preguntas acerca de las probabilidades de cura para usted o quiere saber cuánto tiempo usted podría sobrevivir, hable con el equipo de profesionales de la salud que atiende su cáncer, pues ellos conocen mejor su situación.

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Estudios clínicos

Los estudios de tratamientos prometedores nuevos se conocen como estudios clínicos. Un estudio clínico se lleva a cabo solamente cuando existe algún motivo para creer que el nuevo tratamiento puede ser valioso para el paciente. Los estudios clínicos se necesitan para determinar formas nuevas y mejores de tratar el cáncer. Se ha encontrado con frecuencia que los tratamientos utilizados en los estudios clínicos producen beneficios reales. Las principales preguntas que los investigadores quieren contestar son:

  • ¿Es beneficioso este tratamiento?
  • ¿Es más eficaz que el que estamos usando ahora?
  • ¿Qué efectos secundarios produce el tratamiento?
  • ¿Superan los beneficios a los efectos secundarios?
  • ¿A qué tipo de pacientes es más probable que el tratamiento le resulte beneficioso?


Los estudios clínicos se llevan a cabo en fases. Cada fase está diseñada para responder a ciertas interrogantes.

El propósito de un estudio en la fase I es buscar la mejor manera de administrar un tratamiento nuevo y la cantidad de éste que se pueda administrar con seguridad. El propósito principal de un estudio en la fase I es probar la seguridad del medicamento.

Los estudios en fase II están diseñados para determinar si el medicamento funciona. Se administra a los pacientes la dosis más alta posible que no cause efectos secundarios graves y se les observa muy de cerca para ver si hay algún efecto sobre el cáncer.

Los estudios clínicos en fase III comparan el tratamiento nuevo con el convencional. Se divide un gran número de pacientes en dos grupos. El grupo de control recibe el tratamiento convencional y el otro grupo recibe el tratamiento nuevo. Todos son observados de cerca para determinar cuál tratamiento es más efectivo. El estudio será detenido si los efectos secundarios son demasiado severos o si un grupo presenta resultados mucho mejores que el otro grupo.

Si está participando en un estudio clínico, contará con un equipo de expertos que estará monitoreando su progreso muy cuidadosamente. No obstante, existen algunos riesgos. Ninguna persona sabe de antemano si el tratamiento será eficaz, ni exactamente qué efectos secundarios podrán presentarse. Eso es lo que se pretende descubrir con el estudio. Sin embargo, tenga en cuenta que los tratamientos estándar también producen efectos secundarios.

La decisión de participar en un estudio clínico es totalmente suya. Incluso luego de decidir participar en un estudio clínico, usted tiene la libertad de abandonarlo en cualquier momento, por cualquier motivo. El participar en un estudio clínico no evitará que usted reciba algún otro cuidado médico que pudiera necesitar.

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Terapias complementarias y alternativas

Podrá escuchar sobre distintos tipos de tratamiento por parte de sus familiares y amigos. La gente tiende a ofrecer toda clase de cosas como vitaminas, hierbas, técnicas de reducción del estrés, acupuntura y más. Existe mucho interés hoy día en los tratamientos complementarios y alternativos contra el cáncer.   Antes de hacer cambios en su tratamiento o de añadir cualquiera de estos métodos, asegúrese de hablarlo con su médico o enfermera. Algunos métodos pueden ser usados con seguridad junto con el tratamiento médico convencional.   Otros, sin embargo, pueden interferir con el tratamiento convencional o causar graves efectos secundarios.   Es por eso que es importante que hable abiertamente con su médico. Más información sobre los métodos complementarios y alternativos del tratamiento contra el cáncer está disponible a través de nuestro número telefónico gratuito o nuestra página en Internet.

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¿Cuáles son algunas de las preguntas que debo hacer a mi médico?

A medida que usted se enfrente al cáncer y su tratamiento, necesita tener conversaciones sinceras y abiertas con su médico. Debe sentirse en la libertad de preguntar cualquier cosa que le venga a la mente, sin importar cuán insignificante parezca. A continuación le presentamos algunas preguntas que usted quisiera hacer. Asegúrese de añadir sus propias preguntas conforme se le ocurran. Las enfermeras, los trabajadores sociales y demás participantes del tratamiento podrán también responder a muchas de sus preguntas.

  • ¿Puede anotar, por favor, el tipo exacto de cáncer que tengo?
  • ¿Dónde está localizado mi cáncer?
  • ¿Se ha propagado del lugar donde se originó?
  • ¿Cuál es la etapa de mi cáncer y qué significa eso en mi caso?
  • ¿Qué opciones de tratamiento tengo?
  • ¿Cuál tratamiento usted me sugiere y por qué?
  • ¿Cuál es el objetivo de este tratamiento?
  • ¿Cuáles son los riesgos o efectos secundarios de los tratamientos que usted sugiere?
  • Si se me cae el cabello, ¿qué puedo hacer al respecto?
  • ¿Qué necesito hacer a fin de estar listo para el tratamiento?
  • ¿Debo seguir una dieta especial?

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¿Qué ocurre después del tratamiento?

Completar el tratamiento puede causar tanto estrés como entusiasmo. Usted sentirá alivio de haber completado el tratamiento, aunque aún resulte difícil no sentir preocupación sobre el regreso del cáncer, lo que se conoce como recurrencia. Ésta es una preocupación muy común entre las personas que han tenido cáncer. Incluso sin recurrencias, las personas que han tenido cáncer aprenden a vivir con la incertidumbre.
Durante años, después de que el tratamiento se haya finalizado, serán muy importantes para usted los exámenes periódicos de seguimiento. Estos exámenes, que incluyen un examen físico, un examen rectal, una colonoscopia y análisis de sangre, sirven para determinar si el cáncer ha regresado. Se pueden realizar también otras pruebas, tales como las radiografías de tórax, la tomografía computarizada (CT) y las imágenes por resonancia magnética (MRI), si algo indica que el cáncer ha regresado.

Usted debe hacerse una colonoscopia al año después de la cirugía. Si los resultados son normales, usted debe hacerse la colonoscopia de nuevo después de tres años; y si ese examen resulta normal, entonces usted puede esperar cinco años para hacerse la próxima colonoscopia.

Casi cualquier tratamiento del cáncer puede causar efectos secundarios. Algunos pueden durar de algunas semanas a varios meses, aunque otros pueden ser permanentes. No dude en hablar con el equipo de atención del cáncer sobre cualquier síntoma o efecto secundario que le cause molestia para que le puedan ayudar a tratarlo.

El antígeno carcinoembrionario (CEA) y el CA 19-9 son sustancias, llamadas marcadores tumorales, que se encuentran en la sangre de algunas personas con cáncer del colon. Algunas veces, las pruebas para estos marcadores tumorales son útiles si usted tiene algún síntoma que indique que el cáncer ha regresado. Algunos médicos analizarán estas pruebas de sangre para determinar si el cáncer ha regresado antes de que se presenten síntomas. Generalmente estas pruebas son más importantes durante los primeros dos años después del tratamiento, cuando es más probable que el cáncer regrese.

Si usted tuvo una colostomía, el seguimiento constituye un asunto importante. Usted puede sentirse preocupado o aislado de sus actividades normales. Ya sea si su ostomía es temporal o permanente, hay profesionales médicos capacitados para ayudarle. Pregunte a la Sociedad Americana del cáncer sobre los programas que ofrecen información y apoyo en su área.

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Consultas con un nuevo médico

En algún momento después del diagnóstico y tratamiento del cáncer, es posible que usted tenga que consultar a un médico nuevo. Es importante que usted le provea a su nuevo médico los detalles exactos de su diagnóstico y tratamiento. Asegúrese de que tenga disponible la siguiente información y que siempre guarde copias para usted:

  • Una copia de su informe patológico de cualquier biopsia o cirugía.
  • Imágenes por CT y MRI en un DVD portátil.
  • Si ha tenido cirugía, una copia del informe operatorio.
  • Si ha sido hospitalizado, una copia del informe de alta que cada médico tiene que preparar cuando los pacientes son remitidos a casa.
  • Finalmente, debido a que algunos medicamentos de tratamiento contra el cáncer pueden causar efectos secundarios a largo plazo, una lista de sus medicamentos, las dosis de éstos, y cuándo los tomó.

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Cambios en el estilo de vida que debe considerar durante y después del tratamiento

El cáncer y el tratamiento pueden consumir tiempo y causar agotamiento emocional. No obstante, también puede ser el momento para nuevos cambios en su vida. Quizás usted está considerando mejorar su salud general a largo plazo. Algunas personas incluso comienzan este proceso durante el tratamiento del cáncer.

Opte por una vida más saludable

Reflexione acerca de cómo era su vida antes de que usted supiera que tenía cáncer. ¿Había cosas que usted hacía que no eran tan saludables? Quizás usted tomaba mucho alcohol, o comía más de lo que necesitaba, o fumaba, o no hacía ejercicio a menudo. Emocionalmente, quizás usted no expresaba sus sentimientos, o quizás dejaba que las situaciones estresantes le afectaran por mucho tiempo. 

Ahora no es el momento de sentirse culpable. Sin embargo, usted puede comenzar a hacer cambios hoy que pueden tener efectos positivos para el resto de su vida. No sólo se sentirá mejor, pero también estará más saludable. Qué mejor momento que ahora para aprovechar la motivación que tiene como resultado de haber pasado por una experiencia que le ha cambiado la vida como es el tener cáncer.

Usted puede comenzar trabajando en los asuntos que más le preocupan.

Dieta y nutrición

Alimentarse bien puede ser un reto para cualquier persona, aunque puede ser aún más difícil durante y después del tratamiento del cáncer. Por ejemplo, el tratamiento a menudo puede cambiar su sentido del gusto. La náusea puede ser un problema. Es posible que usted pierda su apetito por un tiempo y también pierda peso sin desearlo. Por otro lado, algunas personas aumentan de peso incluso cuando no comen más, lo que también puede ser frustrante.

Si usted está perdiendo peso o tiene problemas con el sentido del gusto durante el tratamiento, haga lo mejor que pueda en relación con su alimentación y recuerde que estos problemas usualmente se van solucionando con el transcurso del tiempo. Usted puede pedirle al equipo de atención del cáncer que le refiera un nutricionista, un experto en nutrición que le puede sugerir ideas sobre cómo combatir algunos de los efectos secundarios de su tratamiento. Además, usted puede encontrar útil comer porciones pequeñas cada dos a tres horas hasta que se sienta mejor y pueda regresar a un plan más normal.

Una de las mejores cosas que puede hacer después del tratamiento consiste en adoptar hábitos alimentarios saludables. Usted se sorprenderá de los beneficios a largo plazo de algunos cambios simples, como aumentar la variedad de alimentos saludables que consume. Trate de comer cinco o más porciones de vegetales y frutas cada día. Consuma alimentos de grano integral en vez de azúcares y harinas. Trate de limitar el consumo de carnes altas en grasa. Disminuya el consumo de carnes procesadas, como perros calientes (hot dogs o salchichas), mortadela y tocino. Si puede, trate de evitar estos alimentos por completo. Además, si toma alcohol, limítelo a máximo una o dos bebidas por día. No olvide hacer algún tipo de ejercicio de forma rutinaria. La combinación entre una buena dieta y el ejercicio de rutina le ayudará a mantener un peso saludable y hacerle sentir más energético.

Descanso, cansancio, trabajo y ejercicio

El cansancio es un síntoma muy común en las personas que están recibiendo tratamiento contra el cáncer. Éste a menudo no es un tipo de cansancio ordinario, sino un agotamiento que no se alivia con el descanso. Para algunas personas, este cansancio dura mucho tiempo después del tratamiento, y puede causar que no sientan deseos de estar activas físicamente.

Sin embargo, el ejercicio puede en realidad ayudar a reducir el cansancio. Los estudios han mostrado que los pacientes que siguen un programa de ejercicio dirigido a sus necesidades personales se sienten mejor física y emocionalmente, y pueden lidiar mejor con la situación.

Si usted está enfermo y necesita permanecer en cama durante el tratamiento, es normal esperar que la fuerza de sus músculos, su estado físico y su resistencia se deterioren un poco. La terapia física puede ayudarle a mantenerse fuerte y mantener el movimiento normal de sus músculos, lo que puede ayudar a combatir el cansancio y la depresión que algunas veces surge con la sensación de estar tan cansado.

Cualquier programa de actividad física debe ajustarse a su situación personal. Una persona de edad avanzada que nunca se ha ejercitado no podrá hacer la misma cantidad de ejercicio que una de 20 años que juega tenis tres veces a la semana. Si hace varios años que no se ejercita, pero puede mantenerse activo, usted puede considerar caminar distancias cortas.

Hable con su equipo de atención médica antes de comenzar los ejercicios, y consulte su opinión sobre los planes de ejercicio. Luego, trate de conseguir a alguien que le acompañe a hacer los ejercicios para que no los haga solo. Cuando los familiares o los amigos se integran en un programa de ejercicios nuevo, usted obtiene el refuerzo adicional de apoyo que necesita para mantenerse activo cuando el entusiasmo simplemente no exista.

Sin embargo, si usted está muy cansado, necesitará balancear la actividad con el descanso. Es aceptable que descanse cuando se sienta cansado. Resulta realmente difícil para algunas personas permitirse hacer esto cuando ellas estaban acostumbradas a trabajar todo el día o a asumir las responsabilidades del hogar (para más información sobre el cansancio, consulte la publicación, “Cansancio y anemia asociados con el cáncer - Guías de tratamiento para los pacientes”).

El ejercicio puede mejorar su salud física y emocional:

  • Mejora su condición cardiovascular (corazón y circulación).
  • Fortalece sus músculos.
  • Reduce el cansancio.
  • Reduce la ansiedad y la depresión.
  • En general, le hace sentir más feliz.
  • Le hace sentir mejor sobre usted mismo.


Un estudio reciente de mujeres con determinadas etapas de cáncer colorrectal mostró que el ejercicio puede disminuir las probabilidades de morir de cáncer o de otras causas.      En este estudio, se necesitaba de ocho a diez horas de caminata a paso ligero por semana para reducir el riesgo.

A largo plazo, nosotros sabemos que el ejercicio desempeña un papel en la prevención de algunos canceres. La Sociedad Americana del cáncer recomienda en sus guías sobre la actividad física para la prevención del cáncer que los adultos participen en por lo menos una actividad física de moderada a vigorosa por 30 minutos o más durante cinco o más días a la semana. A los niños y a los adolescentes se les exhorta participar en actividades físicas de moderadas a vigorosas por 60 minutos al día durante al menos cinco días de la semana. Mientras las actividades moderadas son aquellas que requieren de un esfuerzo igual al de una caminata a paso ligero, las actividades vigorosas involucran a un grupo de músculos y causan un aumento en el ritmo cardiaco, en la profundidad y frecuencia de la respiración, y en la sudoración.

¿Y qué acerca de la salud emocional?

Una vez finalice su tratamiento, es posible que usted se sienta abrumado por las emociones. Esto les ocurre a muchas personas. Es posible que usted haya pasado por mucho durante el tratamiento a tal punto que sólo se pueda enfocar en terminar todo su tratamiento.

Ahora usted se encuentra pensando sobre la posibilidad de su propia muerte, o sobre el efecto de su cáncer en su familia y amigos, al igual que en su empleo. También es posible que comience a reevaluar la relación con su cónyuge o pareja. Otros asuntos inesperados también pueden causar preocupación. Por ejemplo, a medida que usted está más saludable y acude menos al médico, usted consultará con menos frecuencia a su equipo de atención médica. Esto puede causar ansiedad en algunas personas.

Éste es el momento ideal para buscar apoyo emocional y social. Usted necesita personas a quienes acudir para obtener fortaleza y consuelo. El apoyo puede provenir de muchas formas: familia, amigos, grupos de apoyo, iglesias o grupos espirituales, comunidades de apoyo en línea u orientadores individuales.

Casi todas las personas que han pasado por la experiencia del cáncer pueden beneficiarse de algún tipo de apoyo. Lo que es mejor para usted depende de su situación y personalidad. Algunas personas se sienten seguras en grupos de apoyo con similares que están experimentando situaciones semejantes, o en grupos de educación. Otras personas pudieran preferir hablar en un entorno informal, tal como en una iglesia, mientras que otras pueden sentirse más cómodos hablando de uno a uno con un amigo de confianza o un consejero. Cualquiera que sea su fuente de fortaleza o consuelo, asegúrese de que tiene un lugar a dónde acudir con sus inquietudes.

La experiencia con el cáncer puede hacerle sentir muy solo. No es necesario ni realista que usted pase por toda esta experiencia solo. Sus amigos y familiares pueden sentirse excluidos si usted decide que no participen de esta experiencia. Deje que tanto ellos como cualquier otra persona que usted considere puedan ayudarle.
Usted no puede cambiar el hecho de que ha tenido cáncer. Lo que sí puede cambiar es cómo vive el resto de su vida mediante cambios saludables y sintiéndose lo mejor posible tanto física como emocionalmente.

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¿Qué ocurre si el tratamiento ya no es eficaz?

Si el cáncer continúa creciendo después de un tipo de tratamiento, o si regresa, a menudo es posible probar otro plan de tratamiento que pudiera seguir curando el cáncer, o por lo menos reducir el tamaño de los tumores lo suficiente como para ayudarle a vivir más tiempo y hacerle sentir mejor. Por otro lado, cuando una persona ha recibido varios tratamientos médicos diferentes y el cáncer no ha sido curado, con el transcurso del tiempo el cáncer tiende a volverse resistente a todos los tratamientos. En ese momento, resulta importante sopesar el posible beneficio limitado de un nuevo tratamiento y las posibles desventajas, incluyendo las visitas continuas al médico y los efectos secundarios del tratamiento. Cada persona tiene su propia manera de considerar la recurrencia. Algunas personas quizás deseen enfocarse en mantenerse cómodas durante el tiempo limitado que les queda.

Cuando llegue el momento en el que usted ha tratado todos los tratamientos médicos, pero éstos simplemente ya no son eficaces, probablemente éste sea el momento más difícil en su lucha contra el cáncer. Aunque su médico puede ofrecerle un tratamiento nuevo, usted necesita considerar esto en determinado momento, continuar el tratamiento es poco probable que mejore su salud o cambie su pronóstico o supervivencia. 

Si usted desea continuar el tratamiento para combatir su cáncer tanto como pueda, necesitará continuar considerando las probabilidades de que más tratamiento brinde cualquier beneficio. En muchos casos, su médico puede estimar la tasa de respuesta para el tratamiento que usted considere. Algunas personas son tentadas a tratar más quimioterapia o radiación, por ejemplo, incluso cuando sus médicos indican que las probabilidades de beneficio son menos del 1%. En esta situación, usted necesita analizar y entender sus razones para optar por este plan.

Independientemente de lo que usted decida hacer, es importante que esté lo más cómodo posible. Asegúrese de que usted pida y reciba el tratamiento de cualquier síntoma que pudiese tener, tal como el dolor. Este tipo de tratamiento se llama tratamiento “paliativo”.

El tratamiento paliativo ayuda a aliviar los síntomas, pero no se espera que cure la enfermedad; su propósito principal es mejorar su calidad de vida. Algunas veces, los tratamientos que usted recibe para controlar sus síntomas son similares a los tratamientos usados para tratar el cáncer. Por ejemplo, la radioterapia pudiera ser administrada para ayudar a aliviar el dolor de huesos debido a metástasis en los huesos. Por otro lado, la quimioterapia pudiera ser administrada para ayudar a reducir el tamaño del tumor y evitar que cause obstrucción intestinal. Sin embargo, esto no es lo mismo que recibir tratamiento para tratar de curar el cáncer. 

En este momento, es posible que usted se beneficie del cuidado que se ofrece en las residencias de enfermos crónicos terminales (hospicio). En la mayoría de los casos, este cuidado se puede dar en la casa. Es posible que el cáncer esté causando síntomas o problemas que requieran atención, y las residencias de enfermos crónicos terminales se enfocan en su comodidad. Usted debe saber que la atención de hospicio no significa que no pueda recibir tratamiento para los problemas causados por su cáncer u otras condiciones de salud. Simplemente significa que el enfoque de su cuidado consiste en vivir lo más plenamente posible y sentirse tan bien como pueda en esta difícil etapa de su cáncer.

También recuerde que es importante mantener la esperanza. La esperanza de una cura puede que ahora no sea tan profunda, pero sigue habiendo esperanza de que pueda pasar momentos buenos con sus familiares y amigos, momentos que estarán llenos de felicidad y significado. En cierta manera, una interrupción de su tratamiento contra el cáncer en este momento es una oportunidad para reenfocarse en las cosas más importantes de su vida. Éste es el momento para hacer algunas cosas que usted siempre deseaba hacer y dejar de hacer aquéllas que ya no desea.

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